Presencia intimidatoria
La imponente presencia de los hombres no dejaba lugar a dudas: resistirse era inútil; el jardín de Nolan estaba completamente a su merced. Cada palada de tierra arrojada a un lado le parecía una pérdida personal, y apretó los puños, luchando por no gritar. “Esto es una locura”, murmuró Olaf, con los ojos desorbitados por la incredulidad, mientras el hombre de las gafas de sol trabajaba con una concentración inquebrantable, con una expresión ilegible. Nolan se dio cuenta de que no había más remedio que dejarles continuar.

Presencia intimidatoria
De luto por su jardín
A medida que avanzaba la excavación, Nolan sintió el aguijón de la pérdida de su cuidado jardín, años de cuidados arrancados de raíz y arrojados a un lado sin pensárselo dos veces. “Mi pobre jardín”, susurró, con las lágrimas amenazando con caer, mientras Olaf permanecía en silencio a su lado, compartiendo la pena. El implacable sonido de las palas golpeando la tierra resonaba en la tranquila noche, y cada golpe provocaba un nuevo dolor en el corazón de Nolan.

Luto por su jardín

