Una vieja promesa
Los ojos de Ezequiel se llenaron de lágrimas cuando resurgió un recuerdo olvidado hacía mucho tiempo: la promesa de su infancia de cuidar siempre de su madre. Aquella promesa, hecha con inocencia juvenil, tenía ahora un gran peso. Recordó su suave sonrisa cuando juró que nunca se separaría de ella. La culpa le carcomía, haciéndose más fuerte a cada momento que pasaba, y le dolía el corazón bajo el peso del pasado.

Una vieja promesa
Cargas silenciosas
A Mabeline le dolió el corazón al recordar la misma promesa. Ambos habían llevado cargas silenciosas a lo largo de los años. Pensó en las incontables noches pasadas preocupándose por Ezequiel, y en los días llenos de plegarias tácitas por su seguridad. Estaba claro que siempre habían compartido aquel dolor silencioso, sus emociones entrelazadas a través del tiempo con un vínculo invisible.

Cargas silenciosas

