Compartiendo historias
Durante horas, hablaron sin pausa, relatando los años que habían pasado separados. Cada historia conllevaba dolor, arrepentimiento y oportunidades perdidas. Mabeline habló de las luchas que tuvo que afrontar tras el accidente, mientras Ezequiel describía la vida en la calle. “Nunca dejé de quererte, mamá”, confesó entre lágrimas. “Simplemente no podía enfrentarte a ti después de todo lo que pasó” Mabeline escuchaba, y cada palabra le atravesaba el corazón tanto de dolor como de comprensión.

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La disculpa de Ezequiel
Las disculpas de Ezequiel llegaron en oleadas, cada una más sincera que la anterior. “Lo siento mucho, mamá”, repitió, con la voz quebrada. “Te abandoné cuando más me necesitabas” Mabeline lo estrechó contra sí, envolviéndolo con sus brazos de forma protectora. “No podemos cambiar el pasado, pero podemos intentar curarnos juntos”, susurró. “Ahora estás aquí, y eso es lo que importa”

La disculpa de Ezequiel

