El consuelo de una madre
Mabeline agarró las manos de Ezequiel con firmeza, ofreciéndole seguridad. “Después del accidente, fue increíblemente duro”, empezó. “No quería aceptar mi nueva realidad, pero no tenía elección” Respiró hondo y lo miró a los ojos. “Con el tiempo, aprendí a aceptarlo. No fue fácil, pero encontré la manera. Y te perdoné incluso antes de que te fueras” Sus palabras parecieron quitarle un gran peso de encima.

El consuelo de una madre
Lágrimas de reconciliación
Lloraron juntas, abrazándose con fuerza. Cada lágrima derramada parecía lavar años de dolor y arrepentimiento. “Nunca debí marcharme”, sollozó Ezequiel. Mabeline le acarició suavemente la espalda. “Ahora estás aquí. Eso es lo que importa”, susurró, con voz temblorosa. Su abrazo se convirtió en un bálsamo para las almas heridas, disolviendo lentamente los años de distancia y dolor.

Lágrimas de reconciliación

