Derrumbándose
Abrumado, Ezequiel cayó de rodillas, con el cuerpo tembloroso por los sollozos. Mabeline se acercó instintivamente, extendiendo una mano temblorosa para rozarle la cara. “Oh, hijo mío”, murmuró, sintiendo la humedad de sus lágrimas en los dedos. Él se inclinó hacia ella y el dique de las emociones se rompió al derramarse años de dolor reprimido. Lloraron juntos, con el pasado resonando en sus corazones.

Derrumbándose
Torrente de emociones
El shock inicial dio paso a un torrente de sentimientos. Se aferraron el uno al otro, sin querer soltarse. Las lágrimas de Mabeline se mezclaron con las de Ezequiel mientras se abrazaban. “Te he echado tanto de menos -susurró, con la voz entrecortada por la emoción. “Nunca he dejado de pensar en ti”, respondió él, con las palabras amortiguadas por los sollozos. La habitación pareció encogerse a su alrededor, los años de separación se derrumbaron en aquel único y poderoso momento.

Inundación de emociones

