Ganarse la confianza
Durante las semanas siguientes, Jane siguió visitando al mendigo, ganándose poco a poco su tímida confianza. Cada día le llevaba un poco más de comida y se entretenía un poco más en la conversación. Una mañana, el mendigo reveló por fin su nombre. “Soy Ezequiel -dijo en voz baja, mirándola a los ojos por primera vez. A Jane le dio un vuelco el corazón. “Es un placer conocerte, Ezequiel -respondió ella con calidez-.

Crear confianza
Fragmentos del pasado
A medida que continuaban las visitas de Jane, Ezequiel empezó a compartir fragmentos de su historia. Habló de la dura realidad de la vida en la calle y aludió a una familia de la que se había distanciado. Jane escuchó atentamente, conectando las piezas dispersas. “Parece que has sufrido mucho”, comentó un día. Ezequiel asintió con la cabeza, y un destello de tristeza cruzó su rostro. “Más de lo que podrías imaginar”, susurró.

Fragmentos del pasado

