Era su turno
“¿Puedes callarte?”, espetó un hombre delante de Nolan, y éste se calló de inmediato, pues no quería que le dieran un puñetazo en la cara, pero eso no empañó su excitación. Cuando por fin le llegó el turno, colocó el collar sobre el mostrador del joyero y dijo esperanzado: “Me gustaría saber el valor de esta pieza” El joyero no pareció impresionado al principio, pero su expresión cambió al examinar el collar más de cerca.

Era su turno
Muy intrigado por la obra
El joyero acercó el collar y sus ojos se abrieron de par en par al estudiarlo. “Es precioso, ¿verdad?” Dijo Nolan, pero el joyero guardó silencio. No había mostrado tanto interés por las piezas de ningún otro cliente, y un destello de preocupación cruzó la mente de Nolan. Entonces, de repente, el joyero balbuceó: “No puede ser verdad” A Nolan se le revolvió el estómago y preguntó, con la esperanza teñida de ansiedad: “¿Qué quieres decir?”

Muy Intrigado Por El Trabajo

