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Una noche, Mabeline decidió confiar a Jane su creciente malestar. “Jane, ¿podemos hablar un momento?”, le preguntó. “Por supuesto, ¿qué te preocupa? Respondió Jane, sentándose a su lado. “Tengo la sensación de que el mendigo de ahí fuera podría ser mi hijo Ezequiel”, admitió Mabeline. Jane la miró con cautela. “¿Estás segura, Mabeline?”, preguntó en voz baja. “No, pero no puedo dejar de pensar en ello -confesó Mabeline, y sus ojos reflejaban esperanza e incertidumbre a la vez.

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El acercamiento de Jane
A la mañana siguiente, Jane tomó la iniciativa de acercarse al mendigo, ofreciéndole comida y algunas monedas para romper el hielo. “Buenos días”, le dijo, tendiéndole una bolsita y un puñado de monedas. El hombre se estremeció ligeramente y acercó a su perro. “Gracias”, murmuró, cogiendo los regalos con vacilación. Jane trató de entablar con él una conversación ligera, pero él se mantuvo cauteloso, con respuestas breves y la mirada perdida.

Acercamiento de Jane

