Observación al día siguiente
Todavía inquieta por el mendigo, al día siguiente Mabeline pidió a Jane que la acercara a la ventana para tener una mejor visión. “¿Puedes desplazar mi silla, Jane?”, le preguntó. “Por supuesto, ¿hacia dónde?” Respondió Jane. “Junto a la ventana”, dijo Mabeline con firmeza. Con esfuerzo, Jane la guió cerca del cristal esmerilado. “Gracias, Jane. Sólo necesito ver algo”, susurró Mabeline, fijando de nuevo su mirada.

Observación del día siguiente
Jane obedece
Jane la colocó con cuidado y se preparó para salir a hacer unos recados. “Volveré pronto. ¿Estás bien aquí?”, preguntó. “Sí, estaré bien, gracias”, respondió Mabeline. Jane asintió, se puso el abrigo y salió. Ya sola, Mabeline clavó los ojos en el mendigo, observándolo atentamente. Cada movimiento, cada pequeño gesto le parecía la pieza que faltaba en un rompecabezas que estaba desesperada por completar.

Jane obliga

