Esperando nerviosa
Dentro del apartamento, Mabeline esperaba en el salón, con los nervios retorciéndole en el estómago. Le temblaban ligeramente las manos mientras jugueteaba con un trozo de tela que tenía sobre el regazo. “Cálmate, Mabeline”, se susurró a sí misma, aunque la ansiedad la roía implacablemente. Cada crujido del suelo, cada sonido lejano le aceleraba el corazón. No dejaba de mirar el reloj, contando cada agonizante minuto.

Esperando nerviosa
Llega Ezequiel
La puerta principal crujió y Ezequiel entró. Sus ojos recorrieron la habitación antes de posarse en Mabeline. El tiempo pareció detenerse cuando sus miradas se cruzaron. Mabeline sintió que se le cortaba la respiración, y un torrente de emociones se abalanzó sobre ella. En los ojos de Ezequiel parpadeó lentamente el reconocimiento, su ceño se frunció como si despertasen recuerdos. El momento era eléctrico, cargado de incertidumbre y expectación.

Llega Ezequiel

