Movimientos desesperados
Louise se negaba a retroceder y sus payasadas eran cada vez más desesperadas y escandalosas, cada una de las cuales confirmaba que yo no me equivocaba. Me aferré a esa certeza mientras navegaba por su caos, y con cada movimiento imprudente que hacía, la victoria parecía más cercana. Recuperar mi hogar estaba a mi alcance, y me negué a dejar que su comportamiento me desviara del camino que había trazado cuidadosamente.

Movimientos desesperados
La fiesta imprevista
De repente, Louise organizó una fiesta para sus amigos, convirtiendo la casa en un ruidoso espectáculo con música a todo volumen y risas resonando por todas partes. Estaba ansiosa por alardear de su “victoria”, e incluso lo publicó en Internet para asegurarse de que todo el mundo lo supiera. Me dolía verlo, pero me mantuve paciente, segura de que su celebración era prematura y de que mi momento de recuperar el control estaba a la vuelta de la esquina.

La fiesta imprevista

